
De la cosmovisión andina deriva la forma de vida homónima, basada en la inviolabilidad del ayllu, el concepto más trascendente de la peculiaridad sociológica andina. El ayllu define las bases de la relación social, la familia, el amor y —a su tiempo— el imperio incaico.
Siendo el aymara pre hispánico sólo un ser humano desprovisto de efectos personales (y nadie los tenía mas allá de lo básico), incapaz de seguir con vida por sí mismo y debiendo a la vez cuidar y acariciar a la Pachamama y trabajar por los intereses de la comunidad, no le queda más que unirse como componente no indispensable pero absolutamente comprometido a un grupo estructurado basado en relaciones familiares, grupo que es unidad pecuniaria (empresa), parcela (tierra asignada para su explotación) y seguridad. El ayllu es LA unidad social andina, pues el hombre solo no es nada y el yanacona sólo puede subsistir como siervo de estructuras marginadas del orden social básico, como la nobleza imperial incaica o el capitalismo perturbador de los conquistadores.
Para facilitar la descripción nos referiremos sólo al concepto de ayllu “menor”, dejando sin describir los cuatro espacios o ayllus “mayores” (dos para cada una de las dos sayas o divisiones primarias) en que se dividía el espacio territorial ocupado por una etnia. Estos últimos eran divisiones “macro” del territorio donde se asentaban los ayllus menores de la etnia, los cuales eran la unidad socioeconómica indivisible, al estilo de un átomo, la estructura básica de un poblado. Priorizaremos las características del ayllu durante el imperio incaico, pues durante ese período estaba más o menos estrictamente reglamentado.
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